Revisor médico: Mayra Angarita Benítez, Psicóloga y Educadora certificada
El masaje piel con piel prolonga las sensaciones de calma y contacto que el bebé vivió en el útero. Es una práctica milenaria que fortalece el vínculo afectivo y estimula el desarrollo emocional y físico del lactante.
Incorporar una rutina diaria de masajes aporta múltiples ventajas:
El momento ideal es durante la "vigilia tranquila": cuando el bebé está despierto, relajado, con respiración regular y movimientos suaves. Evita hacerlo justo después de comer o si el bebé tiene fiebre.
Es la zona que mejor aceptan al principio. Desliza tu mano suavemente desde el muslo hasta el tobillo (vaciado hindú). Usa tus pulgares para trazar círculos en la planta del pie y masajea cada dedito con suavidad.
Realiza movimientos circulares siguiendo el sentido de las agujas del reloj. La técnica "Sol y Luna" consiste en combinar un círculo completo con una media luna, siempre siguiendo la dirección del intestino para facilitar la expulsión de gases.
Coloca al bebé boca abajo o de lado. Usa la técnica del "peine": pasa tus dedos abiertos desde los hombros hasta las nalgas con movimientos envolventes, evitando presionar directamente la columna vertebral.
Dibuja "sonrisas" con tus dedos sobre la zona de la boca y masajea suavemente detrás de las orejas. Esta zona es rica en terminaciones nerviosas y ayuda a relajar al bebé antes de dormir.
"La leche materna alimenta el cuerpo, pero las caricias alimentan el alma."
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